viernes, diciembre 28, 2007

Ricardo Solari ...¿Y LAS MUJERES?

Ricardo Solari
¿Y las mujeres?

M uchos temas están pendientes en la agenda pública al finalizar 2007: las necesarias reformas a la educación que terminen con la situación de inequidad reflejada en los recientes resultados de la PSU; abordar con resultados el tema de la seguridad ciudadana, que mostró ribetes insospechados en las últimas semanas; arreglar definitivamente las falencias del Transantiago que impactaron en la calidad de vida de miles de ciudadanos. Pero, entre todos, hay uno que resulta de particular significancia, porque tiene un hondo impacto como elemento reproductor de la pobreza y además por la promesa que significó al respecto el gobierno de la Presidenta Bachelet: hacerse cargo de la situación de las mujeres de Chile.

 

He escuchado muchas veces decir que el hecho de que este gobierno esté encabezado por una mujer no ha beneficiado concretamente al género. Otras, al contrario, opiniones que exacerban el impacto simbólico de la situación, aduciendo que la sola circunstancia de una mujer en Palacio vale más que mil políticas públicas pro igualdad.

 

Este ha sido un año pródigo en temas de mujeres: su asalto al poder político de la mano de Cristina K o Hillary; el horror del femicidio; el derecho a disponer de la píldora del día después; la expuesta sexualidad de las adolescentes.

 

Pero lo cierto es que cuando se habla de apoyar el desarrollo de las mujeres, su autonomía y su incorporación al mundo laboral, de lo que se trata no es de producir una "igualdad" retórica en el sentido de lograr más o menos cupos, voces más o menos escuchadas, más visibilidad de caras famosas. Lo fundamental es más básico y urgente: lograr que esos dos millones de mujeres chilenas que aún no se suman a la fuerza laboral, lo hagan. Que dejemos de reproducir la estática cifra de cerca de 40 mil embarazos adolescentes al año, en su mayoría desertoras del sistema escolar. Que logremos que el cuidado infantil no sea impedimento para generar ingresos.

 

Puesto así, el problema no es asunto de género ni de las mujeres. Es de todos, una condición indispensable para derrotar la pobreza. Una necesidad ineludible para que los hijos de esas mujeres, la gran mayoría de ellas jefas de hogar sin ingresos ni formación, tengan una mejor oportunidad en la vida.

 

Hasta que este país no entienda que el tema de las mujeres no es un asunto ideológico o valórico, sino el mayor obstáculo que hoy enfrentamos para saltar la brecha del subdesarrollo, seguiremos dándonos vueltas en entelequias de salón.

Hay que impedir los embarazos adolescentes, porque, al enfrentarse a la condición de madres sin preparación, experiencia laboral ni estudios, esas mujeres —y por ende sus hijos— quedan condenadas a los más bajos escalafones de las oportunidades laborales, si es que siquiera logran acceder a ellas.

 

Hay que generar instancias para facilitar el cuidado infantil, que permitan a las madres ganarse el pan dignamente con la certeza de que sus hijos estarán bien alimentados, abrigados, estimulados y tratados. En este sentido, el progreso realizado por el gobierno de Bachelet es impresionante: en estos cuatro años se están haciendo más jardines infantiles y salas cuna que en toda la historia de Chile. Sin embargo, de esto apenas se habla. No hay verdadera conciencia de su relevancia.

 

Durante 2007 me dediqué a este tema como miembro de la Comisión de Equidad, y fortalecí mi convicción de que también hace falta promover una legislación laboral amistosa con las restricciones que la maternidad impone a las mujeres en una etapa de sus vidas, abriendo jornadas parciales, flexibilidad, trabajo en el domicilio, tele-trabajo, etc. Y todo eso pasa primero por erradicar la perniciosa idea de que las mujeres pueden "optar" entre ser madres o trabajar. Sólo un porcentaje ínfimo tiene esa alternativa, no sólo debido a su nivel de ingresos, sino también porque más de un tercio no cuenta con el apoyo de un compañero proveedor.

 

Temas como el Transantiago o la subcontratación tarde o temprano serán resueltos y pasarán. La desmedrada posición de las mujeres es un asunto que lleva al menos un siglo de debate y, aunque en las últimas décadas se han dado pasos gigantescos, todavía falta lo esencial. Cuando lo hayamos conseguido, estaremos en velocidad de crucero rumbo al desarrollo.

Saludos
RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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