lunes, enero 26, 2009

Donar para educar más y mejor y la responsabilidad social empresarial

Donar para educar más y mejor

ORLANDO POBLETE I.
Rector Universidad de los Andes

El beneficio tributario a donantes en favor de personas en riesgo social, universidades y proyectos culturales representa un incentivo a la voluntad de esos donantes y un respaldo a iniciativas privadas dirigidas a satisfacer necesidades públicas y sociales. Consciente el legislador de que no es posible ni conveniente que el Estado asuma toda la responsabilidad en la superación de carencias en cultura, salud y educación, ampara con este mecanismo el desarrollo de cuerpos intermedios que contribuyen a superarlas y de paso fomenta virtudes como la filantropía, el altruismo, la caridad y la solidaridad.

Si bien este beneficio es una renuncia del Estado a la percepción de una parte de los tributos, es una renuncia muy justificada. Porque es una inversión que produce resultados tangibles. Y porque logra plasmar relevantes principios constitucionales. Además, quede claro que la ley obliga siempre a respetar los fines que persigue la donación.

Tratándose de las donaciones a universidades, este mecanismo tributario ha significado un respaldo decisivo al propósito de lograr una educación superior de calidad, pluralista y solidaria. Este no es privativo de una institución ni de un sector. Se trata de un objetivo nacional, común, definido por el Gobierno, el Parlamento, las universidades y todos los demás entes vinculados a los fines públicos. En esta línea, el mecanismo tributario es un instrumento de distribución de recursos que apunta al corazón de los principios constitucionales de servicialidad del Estado, subsidiariedad e igualdad y que, por lo mismo, debe ser protegido y valorado. Su vigencia operativa, que debiera extenderse muchísimo más, permite hacer realidad la formación humana, profesional e intelectual y la movilidad social de miles de jóvenes.

Concretamente, este incentivo fiscal asegura mayor calidad universitaria porque permite financiar programas para acceder a estándares educacionales difíciles de sustentar sólo por aranceles. La infraestructura idónea para modalidades actuales de formación, la contratación de investigadores de alto nivel, la capacitación de profesores en universidades de primer orden, la disponibilidad de becas, el uso de informática de punta, todos instrumentos clave para la mayor perfección de la docencia y la formación universitarias, no existirían si sólo dependieran de ingresos operacionales ordinarios. Más aún cuando el acceso a ciertos fondos estatales no es igualitario.

También es una cuestión de pluralismo. La distribución de recursos que alienta esta fórmula de donaciones estimula el desarrollo de variadas iniciativas. Las opciones para los donantes son múltiples. Libremente elegirán proyectos de su interés por prestigio, ideario y confianza en el donatario, en su buena administración de los recursos, en su seriedad, en la inexistencia de proyectos aparentes. Así aumentan las posibilidades de elección para quienes aspiran a ser universitarios. The Economist señaló, a nuestro juicio con razón, en septiembre de 2005, que un sistema exitoso de educación debe diversificar las fuentes de ingresos y dejar que "florezcan mil flores académicas", porque "una economía sofisticada requiere una amplia variedad de universidades que persigan una amplia variedad de misiones". Este sistema ha permitido el surgimiento de muchas universidades de prestigio mundial.

Otra consecuencia de estos incentivos tributarios es la solución a los problemas de financiamiento de aranceles. Parte importante de los recursos que las universidades reciben por esta vía son destinados a becas. Así se amplían las posibilidades de muchos de acceder a estudios universitarios y se dispone no sólo de fondos estatales, siempre limitados, sino también de otros que hacen de la solidaridad una cuestión real y efectiva.

Es así como el Estado crea condiciones para permitir la mayor realización posible de todos y cada uno de los integrantes de la comunidad. El legislador, cuidando un óptimo esquema de subsidiariedad, hace posible que todos, los entes estatales y los privados, se integren tras una función universitaria con el más alto nivel de cobertura, favoreciendo la libertad de elección y la igualdad social.

Como es obvio, este tema tan relevante, con tantas variables políticas, económicas y sociales, admite diversas miradas y perfeccionamientos. El único enfoque indeseable es el ideologizado.

FRATERNALES SALUDOS,
Rodrigo González Fernández
DIOPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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