Paul Samuelson: la economía desde el corazón
Paul Samuelson: la economía desde el corazón

Entre sus numerosos y notables artículos desde el corazón de su sabiduría, en octubre del año pasado Paul Samuelson escribió Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek, asestando un duro golpe a las ideas neoliberales que nos sumergieron en la actual crisis económica global. Y cuando para muchos la actual crisis era un fenómeno transitorio y de poca gravedad, Samuelson no dudó en señalar que esta crisis era el trabajo de unos monstruos diabólicos":
"Los genios de la ingeniería financiera crearon un monstruo a lo Frankenstein, que después no supieron cómo gobernar. Toda la burbuja del sector inmobiliario se creó y nadie hizo nada para detenerla. Nadie aprendió la lección de Long-Term Capital Management, de 1998, y así se dieron en el mundo excesos increíbles de apalancamiento sin que nadie supiera lo que se estaba haciendo. Era como operar con los ojos vendados, y nadie aprendió nada de ello"
Paul Samuelson falleció ayer, a los 94 años, y hasta el mes pasado daba charlas y entrevistas. Su mérito fue trasladar a la teoría económica a la comprensión de un análisis matemático simple, y por ello recibió el Premio Nobel en 1970. Desde las teorías de Adam Smith y Ricardo, a los modelos de Walras, Pareto y Wicksell, en su análisis matemático desarrolló la síntesis neoclásica, demostrando que este aparato se puede emplear cuando las economías se ubican cerca del pleno empleo, pero no cuando se vive un fuerte desempleo.
Samuelson no trabajó sólo con las clásicas teorías de oferta y demanda, sino también con las teorías del bienestar, la elección pública, los ciclos económicos y las finanzas públicas. Su tesis doctoral para la Universidad de Harvard se conoce hoy con el título de Fundamentos del Análisis Económico, una obra clave para el estudio de la economía, en la cual su autor sintetiza muchos de los métodos de la teoría y el análisis económico.
Pero este libro es demasiado especializado. Por eso cuando su mujer, Marion Crawford, dio a luz trillizos (aumentando de 3 a 6 la cantidad de hijos y requiriendo 300 pañales a la semana), sus amigos le sugirieron escribir un texto simple de economía, para superar los problemas financieros. Así publicó el manual de economía que tiene más de 50 re-ediciones y que ha sido traducido a más de 40 idiomas.
Son muchos los aportes teóricos de la monumental obra de Samuelson, marcados por su experiencia de la Gran Depresión, de haberla vivido y de haberla sufrido. Es justamente para comprender sus causas y lograr evitarla, que entró a estudiar economía a la Universidad de Chicago, donde siempre tuvo grandes discusiones con Milton Friedman, fundamentalmente en el ámbito del rol del Estado en la actividad económica.
Samuelson no rechaza la idea del individuo racional que persigue su propio interés. Pero recuerda a sus colegas que no siempre las personas actúan racionalmente. De ahí que rechace el determinismo económico y señale la importante influencia del azar.
Según Samuelson, en el sistema económico hay desequilibrios, y no siempre se recibe lo que se aporta. Algunos individuos tienen más suerte que otros y esto amplifica las desigualdades. De ahí que sea necesaria la intervención del Estado para reducirla y equilibrar los niveles de vida. El artículo que escribió el año pasado sobre Friedman y Hayek es muy clave para comprender la actual crisis. El año pasado, cuando gran parte negaba que hubiera crisis, quizá muchos lectores no lo tomaron en cuenta. Hoy, cuando vemos que la crisis está recién comenzando, es un texto crucial.
En la entrevista reseñada a principios de año y realizada por el Asahi Shimbun de Japón, destacamos estas líneas de Samuelson:
Esta es definitivamente la peor crisis desde la Gran Depresión, con la diferencia de que esta vez es mundial. Cuando George W. Bush se convirtió en Presidente el año 2001, heredó un país con superávit fiscal y un presupuesto balanceado. Bush dejó al país con una tremenda deuda, y con problemas por todos lados. Reagan no era mal actor de cine, pero su giro hacia la derecha, más bien, hacia la extrema derecha, con el predominio de la teoría de la oferta, nos tiene en esta situación crítica donde el país entero está en llamas".
Cuando recibió el premio Nobel de Economía en 1970 por su desarrollo de la teoría económica estática y dinámica, la Real Academia Sueca recalcó "por haber hecho más que cualquier otro economista contemporáneo para aumentar el nivel del análisis científico en la teoría económica". Por eso que Joaquín Estefanía lo llama El mejor economista de la historia
Más información | The New York Times, El País
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Por Luis A. Albornoz *



















Fuente:
Les puedo asegurar que hoy por hoy, aún es posible construir una marca personal sin la ayuda de la gestión masiva y
Dos excelentes artículos publicados recientemente en Diario Responsable (















Las marcas ofrecen la seguridad de una pertenencia y tienen mucho más repercusión cuando las personas están construyendo su personalidad, es decir durante la niñez y la adolescencia. El famoso publicista, Walter Landor, decía displicentemente que "los productos se fabricaban en las fábricas, pero las marcas se construyen en la mente de los consumidores". En una economía cada vez más globalizada como la que hoy testimoniamos, es muy fácil fabricar productos idénticos mediante la subcontratación maquiladora, particularmente en nuestros países del último mundo, por eso muchas empresas consideran secundaria la fabricación en sí, y se avocan a la tarea de la construcción del espíritu del producto, es decir, de una "imagen" para la marca y de emplear todos los medios a su disposición para volcarla con éxito a un mercado de personas insatisfechas deseosas de alcanzar alguna pertenencia que les ofrezca, aunque más no sea, el calmante existencial de la posesión de un valor simbólico. Los constructores de marcas son los nuevos productores primarios de la llamada economía del conocimiento.
La idea de experimentar con emoción, cualquier cosa que se pueda compartir, predomina hoy por sobre la pulsión a adquirir objetos por sí mismos. Los signos, en este caso: las marcas, empiezan a pretender que significan algo. Las marcas ya no son más un modo de recordar lo que uno quiere comprar; se han insertado en la matriz cultural de nuestra sociedad, son parte de nuestro sistema de ordenar las cosas, incluso crean el contexto con respecto a quiénes somos y cómo vivimos. Las marcas (que usamos o dejamos de usar) articulan cuáles son nuestros valores, pero ellas ya no son articuladas solamente por su publicidad: son articuladas por todo lo que hacen y lo que creemos que nos ofrecen.